viernes, noviembre 10, 2006

Mi pueblo

Cuando niño, Cocorote era en si un pueblo que llegaba hasta la bodega la Rinconada. Las noches frías y oscuras –dado que los bombillos de los postes eran como de 40 watts - hacían que las mentes infantiles se llenaran de miedos. Todas las noche por Banco Obrero pasaban como a las ocho de la noche, un arreo de burros que venia directamente de donde ahora están los apartamentos: potreros inmensos que otrora se utilizaron para la siembra de tabaco, uno de los principales productos agrícolas de Cocorote del siglo pasado.
Este arreo, guiados por un burro que tenía una campana (el campanero), bajaba al trote la calle que está a un lado del cementerio, luego atravesaban los mangos del estadio Natalio Espinoza para continuar su periplo en pos de la carretera panamericana.
Jamás observé que vehiculo alguno arrollara esos animales. Como era curioso, llegue a correr tras ellos para ver a donde iban a parar. La verdad es que, tomaban rumbo hacia el camino que hoy día es la entrada de San Jerónimo. ¿Por donde subían nuevamente a los potreros de arriba?, no lo se. Siempre los vi bajar pero no subir.
Una vez los espere pacientemente junto a la casa de mi madre y entonces corrí hacia ellos para ver si podía agarrar uno. En efecto uno de los animales traía una soga de bozal, por lo que me decidí a llevármelo a mi casa.
Mamaíta Emilia - mi abuela- al verme llegar con el burro a la casa, pregunto que iba hacer con el, por lo que conteste – voy a vender leche como el muchacho del Cilindro- ah bueno me contestó – y sencillamente espero a que me durmiera para sacarlo del patio.
Esa noche la recuerdo como una de las más felices de mi vida. Pensaba que a la mañana siguiente le diría a mi mamá al llegar de su jornada nocturna como enfermera en el Hospital de San Felipe, que me comprara dos bidones y así comercializar leche (no se de donde). La verdad era que detrás de aquel niño que vendía leche proveniente del Fundo El Cilindro, quedaban las miradas de toda una chiquillada que veían con respeto como se ganaba la vida este muchachito de corta edad, comercializando leche fresca por todo el pueblo con aquel burrito trotador.
La verdad es que llore hasta que me canse cuando a la mañana siguiente no encontré el burro, no pudieron ser ladrones ya que para entonces no existían en Cocorote (Caribe no había nacido) sencillamente era un burro mañoso.
Junto a mi estaba la abuela, consolándome y por otro lado apurándome para llevarme junto a mi hermana a la León Trujillo, aconsejándome que estudiara mejor, porque los que trabajaban con burros, tenían que bregar el doble para ganarse la vida. (que vaina, esto fue sin alusiones personales)

6 comentarios:

Anónimo dijo...

El burro era maneto y se parecia a Dexy Corona

Anónimo dijo...

Habia una burra que tenia los cascos largos y los muchachos le echaban vaina

Elier dijo...

el cuento es muy calidad ya q esto relata la historia de un niño que le llamaba mucho la atencion un burro .... parece fantasioso pero fue verdad ya q le sucedio a mi querido padre cuando aun era un niño inocente ... es maravilloso cuantas anecdotas tiene este pueblo .... y lo q mas me entusiasma y me impresiona es q mi padre se las sabe todas .... cuando una persona se iva a imaginar q ahora lo q son los apartamentos eran unos potreros ... wuao q impresion me da tanta historia q tiene mi pueblo y yo sin saberla ... pero gracias a mi padre ya se unas cuantas historias para cuando sea grande y tenga mi familia contarles tantas cosas q a mis padre le entusiasman tanto ... jeje ....

Anónimo dijo...

ami lo que parece es que antes habian mas locos que ahora...

Anónimo dijo...

Como que el burro se parece a Dexy Corona? Yo no lo veo desde que estaba chiquita, pero que yo recuerde era buenmozo!

Elier, tu conoces a Maggie Corona, que vive mas abajo de la Iglesia?

Cocorote~a Asimilada

Elier dijo...

Deduzco que lo del parecido se refiere a la forma de caminar, corregido en la infancia. La verdad no me acuerdo pero mantengo contacto con mi querido amigo Eliezer Corona