La vida era perfecta al llegar las vacaciones; más si esas vacaciones se disfrutaban en la casa materna de Banco Obrero en Cocorote

sábado, marzo 05, 2011

Mi tia Eleuteria Pérez


Me he estado acordando mucho de mi tía Eleuteria. Siempre me pareció que era una mujer muy alta entre los Pérez. Igual fue una mujer emprendedora, un tanto atrevida para su época. Nació en el año 1900 y era la mayor de todo ellos.
Me comentó alguna vez mi abuela materna (hermana) que ella en ese Cocorote de principios del siglo pasado, cuando las labores prioritarias eran el cultivo de tabaco y maní en donde hoy queda la Urbanización Las Acequias, no se contentó con aquello de que las mujeres no las mandaran a la escuela porque de esa manera aprendían a leer y escribir y por lo tanto se les podía ir el día en escribirle cartas a los hombres para enamorarlos. De alguna u otra forma aprendió a leer y por ello se dedicó también a enseñar a sus otras cuatro hermanas en medio de las labores agrícolas. Era una tarea ardua, aprendieron las letras en los surcos bien aplanados del tabacal, con un palito a manera de lápiz escribia en la tierra mientras que todas las hermanas contemplaban como las letras formaban palabras y por supuesto, lo más emocionante era saber como se escribían sus nombres: Eleuteria, María, Emilia, Teresa e Ignacia.

De vez en cuando se aparecía por la casa de mi mamá a pasarse algunos días para hacerle compañía a mi abuela "mamaita Emilia". Eran días en que con sus cuentos nos deleitaba un mundo y nos dejaba conocer un poco de su vida. Alguna vez me comentó que la Biblia es un libro escrito en parte de manera cifrada. Es decir, existen muchos pasajes que quieren decir otra cosa. El tema al que hizo mención para tomarlo como ejemplo fue el de Adán y Eva en el libro de Génesis. Me hizo ver que cuando Adán y Eva habían pecado por comerse la manzana era porque habían tenido relaciones sexuales… ¿No ves lo que está escrito? – cuando se lee que se comieron la manzana que estaba en el medio del jardín, debe ponérsele un poquito de imaginación, se está haciendo mención a la fruta de la mujer je je- Mientras, mi abuela con cara de preocupación desaprobaba las loqueras de mi tía pero era incapaz de decirle algo. - Esta señora le pasan los años y no cambia- comentaba.

Otras cosas escuchamos de sus labios. Se apartó de su familia muy joven y fue a trabajar a Caracas durante mucho tiempo, trabajó en una empresa de Telares, por ello consiguió ahorrar y poseer algunas propiedades como la casa en donde anteriormente se congregaban los testigos de Jehová en Cocorote, Tuvo dos hijos, Armando y Ramón el fotógrafo, Me comentó que tuvo un enamorado que la llevó a viajar en barco y después de una travesía en el mar, llegaron a un lugar en donde las personas hablaban wachi-wachi- ¿cómo es eso tía? Preguntaba yo intrigado – Guá pues, yo les oía hablar pero no les entendía una puya je je y soltaba a reír - Donde estaría ésta señora bien lejos por ahí que su extravagancia no le permitió darle importancia, pensaba yo para mis adentros mientras soltaba una carcajada..

También le gustaba el misterio, algunos cuentos suyos nos dejaba volar la imaginación mientras que ella nos hacia relatos sobre ese otrora Cocorote con sus atardeceres friolentos llenos de neblina, malamente iluminado por sus postes retirados con bombillos de 60w el cual ofrecía las condiciones necesarias para que el miedo se apoderara de sus habitantes y las personas se acostaran temprano. Eran épocas donde la hechicería era según su relato, cosa muy seria ya que existían brujas capaces de convertirse en cierta clase de aves y volar en lo oscuro de la noche. Pero aquellas personas que estuvieran en el. misterio al oír el graznido de las aves le decían: mañana vienes por sal. Entonces era normal que al día siguiente alguna señora llegara a pedir sal a la casa.

Otra cosa que me comentó es que el excremento humano tiene su misterio. Cuando por casualidad uno va al baño y se llena las manos de excremento, es signo que va a ser un día de buena suerte. ¡No hay nada más asqueroso que llenarse accidentalmente las manos de caca, pero esa grima luego se convierte en plata! Me decía mi tía mientras
yo pensaba para mis adentros que el dinero huele feo.

Alguna vez visitando a mi tío Sebastián en Caracas, pude verla desde lejos cruzar la avenida Roosevelt con total impavidez. Yo, que a la sazón tendría como unos diecisiete años (y ella ochenta y cuatro) me costaba una parte de la otra cruzar una vía con tanto desparpajo. O ella era totalmente arriesgada o era yo demasiado conservador y timorato. La verdad que su vida siempre fue así, pa´lante, sin preocupación, Murió en el 86, no estoy seguro, de lo que si estoy completamente seguro es que pudo disfrutar de su vida en pleno.

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