domingo, abril 09, 2017

NIGUAS EN COCOROTE: UNA HISTORIA ARRANCADA DE LA VIDA MISMA

Es común escuchar el refrán que dice “fulanito o fulanita come más que una nigua” a propósito de chalequear a las personas glotonas, y que hoy; por las circunstancias que estamos viviendo los venezolanos, son las menos que extrañamos y deseamos que nos visiten, je je.

Esta historia nace producto de la lectura de un cuento de Rafael Zarraga de su libro “Contares”, (editado por la UNEY), donde el desaparecido bardo hace referencia de un muchacho ahijado de su abuelo que vino a vivir con ellos en su casa de Campo Alegre, luego que su madre  muriera y que al poco tiempo de estar viviendo con ellos también él muriera repentinamente.

El poeta hace alusión de que éste chamo sufría de “niguas” y que por eso su abuelo lo increpaba  con el propósito de que tuviera el cuidado de “rasparse” los pies. Pero la tristeza del huérfano pudo más que cualquiera situación de cuidado, la muerte lo alcanzó con los pies deformes de tantas niguas incrustadas en ellos.

Vale destacar que hasta mediados del siglo pasado, sufrir de niguas en Cocorote o en casi todos los pueblos rurales yaracuyanos era prácticamente natural ya que se consideraba una enfermedad endémica de la región; es decir, era una enfermedad infecciosa que afectaba de forma permanente o en determinados períodos a una importante cantidad de personas (sobre todo los niños) que por andar descalzos, se contagiaban de manera rápida. Es bueno citar que la enfermedad se genera por una especia de pulga (ácaro) denominada Tunga penetrans, cuando las hembras de la nigua penetran en los pies del huésped, ponen sus huevos bajo la piel y luego, al cabo de pocas semanas, mueren. Suelen dejar los miembros infectados. (el ácaro redondo es la hembra nigua)

Tratando de conocer más sobre el tema, le pregunté a mi longevo amigo Protasio De Luca en su casa de El Calvario sobre esta enfermedad y me refirió que él mismo llegó a sufrir de  Nigua, pero con la llegada del DDT a Cocorote, ésta enfermedad desapareció prácticamente a partir de 1945, año en la cual se utilizó el peligroso organoclorado “Dicloro-Difenil-Tricloetano” para combatir otra enfermedad endémica venezolana: La Malaria.

Esto supone matar dos pájaros con un mismo tiro. A lo mejor muchísimos, pero ciertamente existe conocimiento que la tungiasis, como es conocida la nigua en términos médicos, decayó drásticamente desde el momento en que el Dr. Arnoldo Gabaldón comenzó su campaña antimalárica rociando el DDT luego de haber asistido en la ciudad de Washington como participante de la V Conferencia Panamericana de Directores Nacionales de Sanidad, donde conoció al general James Simmons, quien le informó del polvo blanco empleado con fines militares y que ligado con kerosén, ofrecía un buen efecto sobre el transmisor del paludismo; el polvo sería el tristemente célebre DDT.


Puedo recordar cuando niño que las casas de Banco Obrero tuvieron pintadas en sus porches, las iniciales macabras seguidas por el número de la casa, dejando entrever que fueron fumigadas antes de su entrega allá por el año 1962 a sus residentes iniciales. Para aquel entonces no se conocía de los riesgos de utilizar los órganoclorados con sus efectos colaterales en la naturaleza a largo plazo. Vale acotar que la campaña antimalárica arrancó en Morón el  2 de diciembre de 1945, en un ranchito propiedad de un señor llamado Melecio Castillo, el cual estaba muy cerca de la encrucijada de ese pueblo y que por iniciativa del Club de Leones de Valencia, durante el año 1955 se levantó en el lugar un “Monumento al Zancudo caído” el cual se deja ver en la actualidad para recuerdo de tan importante acontecimiento.


2 comentarios:

lucky dijo...

Me acuerdo muy claro cuando al final de la década de los sesenta en las poblaciones de Albarico, Yumare, Agua Negra, Farriar, Palma Sola y Yumare se veían pintadas en el frente de las casas las iniciales DDT.. Mi padre me explicaba que esas casas habían sido fumigadas y estaban libres de chipos, zancudos y niguas...

Gilberto Elier Santana Colmenares dijo...

Carache, tuvistes la oportunidad de conocer los pueblitos yaracuyanos en todo su esplendor. Cuantos buenos recuerdos tendrás.. Fuerte abrazo..