La vida era perfecta al llegar las vacaciones; más si esas vacaciones se disfrutaban en la casa materna de Banco Obrero en Cocorote

miércoles, mayo 28, 2008

EL AMOLADOR


Con un silbato o pito tipo armónica (con varias entradas) se desplaza por los pueblos ofreciendo el servicio de amolar los cuchillos y tijeras por intermedio de una rueda de esmeril adosada a una pequeña caja de madera (como la de los limpiabotas) que, anteriormente trabajaba a través de una manivela y en la actualidad son completamente eléctricos.


Es bueno recalcar que existe una creencia que el amolador trae buenos augurios y cuando suena el silbato, las personas suelen pedir deseos y colocarse algo en la cabeza como ollas y sartenes para que se cumpla el deseo. Mi abuela Susana era una que apenas escuchaba el silbato del amolador, dejaba la tarea que la mantenía ocupada y corría derechito muerta de la risa a colocarse peroles mientras nosotros la secundábamos.


Hace unos cuantos años atrás, recuerdo alguna vez en la casa de mi tío Freddy -quien vive en la populosa urbanización La Isabelica de Valencia-, escuchar el conocido silbato del amolador y a pesar de no verse, dejaba saber que estaba cerca. Vale destacar que en frente de la casa del viejo (seudónimo de mi tio), se encontraba un enorme grupo de muchachos que jugaban una caimanera de básquet en un desvencijado tablero que habían montado en el estacionamiento del sector 11; pero al escuchar el pito, todos sin excepción salieron corriendo a sus hogares (tal cual una redada) y salir luego con las ollas mas grandes montada encima de sus cabezas, unos que otros tratando de mantenerlas en equilibrio, sin tocarla y muertos de la risa mientras que mi tío (el multiplicador de la superstición) en medio de la algarabía de los basqueteros, señalaba que se quedaran callados puesto que esto alejaba al amolador ya que a él le ocurría lo contrario, -no encontrar clientes- que es lo mismo que declarar el día en quiebra. Na guará de “pava”.


Creo en el amolador que vive de fabricar estrellas de oro con su rueda maravillosa.

Aquiles Nazoa


La imagen es de images.artwanted.com

7 comentarios:

Capochoblog dijo...

Na´guara mi viejo, como me hacían falta tus historias!
No conocía esta costumbre :S
Cada vez que te leo me pregunto si en realidad conoceré algún día las costumbres de mi tierra, pero luego yo misma me respondo que tu estás para que yo las aprenda :)))

Muchos besos y estoy feliz porque has regresado!

Yolanda Fernández dijo...

¡¡¡¡¡¡Albricias!!!!!
¡¡¡¡¡¡¡Regresó Elier, regresó Elier, regresó Elier...!!!!!!
Un abrazo.

Day dijo...

Don Elier,

..creo que si me hubiese ido a San Google a buscar tu cuento ayer,nunca hubiese pre-sentido como ahora que algo así pudiese estar tan lleno de buenos augurios(como tu reaparición,no como los dolores de mis juanetes,que trajerón lluvia jjeje)..es que hasta sentí que participé con mi olla en la cabeza haciéndole mucho más caso a las palabras de tu tía Susana(debe haber sido por sus risas contagiosas)que mi misma tía y madre con el "cuenterio" tan serio del asunto del aguacero del día aquél..ja ja..

-Un abrazo y Gracias :-)por el momento virtual leído tan agradable y disfrutado.

Sir Nick... dijo...

No puedo dejar de comentar, cada cierto tiempo entro y leo...

Pero eso del amolador, es cierto...

...cada quien tiene su costumbre, pensar que Piñerua casi los hace desaparecer con ese pitico horroroso que se invento...

Waiting for Godot dijo...

Hola!
Estoy como Nany que conoce las costumbres a través de ti, de esta no tenía yo ni idea, ya lo sé para la próxima. Besitos para ti.

J-oda dijo...

... nosotros sin las ollas, lo mínimo que nos "montabamos" era las manos en la cabeza, jajajajaja

PD: Yolanda: REGRESÓ...... Yuppi!

MM dijo...

Elier

Mi tatá fue una negra barloventeña espectacular que se llamaba Tomasa, con ella pasé horas inolvidables aprendiendo a tejerle la ropa a mis muñecas, bordando mantelitos para la mesa, sembrando caraotas para luego comer las vainitas (que orgullo aquella noche!) y entre las miles de cosas que me enseñó, también esta la de ponerse algo en la cabeza cuando viene el amolador y pedir un deseo.
Todavía a mi edad (40+) lo hago y solo espero que mis hijos guarden la costumbre, no porque crea en esas cosas sino como manera de guardar algo de nuestro folklor, nuestras costumbres...

Un abrazote