La vida era perfecta al llegar las vacaciones; más si esas vacaciones se disfrutaban en la casa materna de Banco Obrero en Cocorote

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domingo, octubre 16, 2011

Presentimientos

No soy el que le da importancia a los presentimientos. Por lo general los dejo a un lado y prosigo hasta enterarme que debi hacerle caso a esa voz que desde hace rato me decía cuidado.

Siempre digo que la próxima vez haré caso. pero ya me he dado cuenta que por no querer ser un aguafiestas prosigo inexorablemente a pasar un mal rato. Menos mal que estos malos ratos han quedado en eso, malos ratos. Desde ayer que hice un pequeño viaje a Puerto Cabello con mi familia, un presentimiento me decía que no realizara el viaje. A pesar que el vehiculo sufrió un pequeño desperfecto cuando caí en un hueco cerca de un pueblito llamado Alpargatón, pude rápidamente arreglarlo cuando pasando el punto de control que utiliza la Guardia entre ese poblado y Covetra (antes de llegar a Morón en sentido San Felipe-Morón), encontré un taller mecánico en donde guardan por cierto lo autobuses que hacen la ruta Urama-Morón y como el mecánico rápidamente arregló la avería, pensé que la situación de intranquilidad obedecía a esa situación.

Una vez que salí del taller ya acercándonos a Morón, había una tranca descomunal ya que desde la mañana del sábado 15 de octubre, una pesada gandola se había encunetado en las adyacencias de la vía al tratar de esquivar un grupo de vehículos que se encontraba en la vía muy cerca de la entrada de Las Colinas de Morón y a esa hora, cerca de las tres de la tarde fue que pudieron retirar el pesado vehiculo siendo pertinente resaltar que estuvimos en la cola de vehículos pasada las cinco de la tarde.

Obviamente que era muy tarde para pensar regresarnos, no obstante que el aguantar con estoicismo de mis hijos contribuyó a que no me devolviera para San Felipe sintiendo pena por ellos por pasar ese mal rato en la carretera, así que decidí seguir y quedarnos en la otrora “ciudad cordial de Venezuela”. Así pues que, tomamos la previsión de llamar a nuestro hijo mayor que no nos acompañaba a que cuando llegara sacara a la perra y por supuesto que no se olvidara de darle su comida. En la mañana todo estaba Okey y hasta nos fuimos para la playa bien temprano para que los chamos se relajaran. Que buen día, todo iba saliendo a pedir de bocas y una vez que se hizo el mediodía decidimos volver para evitar inconvenientes.

Antes de irnos quise pasar por donde mi tío Carlos a saludarle, me propuso en el acto a acompañarle al cementerio para visitar a mi tía Beatriz, y luego ir a dejar algunos víveres a que Miriam. Todo bien hasta que me acerque al carro y me di cuenta que me habían robado la batería. Verggggggggg que vainas: domingo, sin efectivo y lejos de la casa. Gracias a Dios y todo se resolvió pronto. Lo que si me llamo poderosamente la atención fue un breve comentario de mi tío Carlos, “coño, desde hace rato andaba con ganas de ir al cementerio, todo se me hizo difícil, hasta la compra de las flores se complicó por la mala actitud de la vendedora, no encontré a los señores que normalmente me hacen la carrerita (taxi) y a ti te roban la batería, creo que no me conviene ir al cementerio así que no iré”……

Premoniciones, intuición, precognición, presentimiento, queseyoo, lo cierto es que a veces lo sentimos tan intensos que rápida y seriamente tomamos precauciones. Otras veces avanzamos y no pasa nada o caso contrario (verbigracia presente) . Fui a la casa de mi tío Victoriano y mi primo Delhis Alfredo, mi bien querido primo hermano Yely que es mecánico, en el acto me prestó una batería y pude regresar a casa sin contratiempo. Hasta mi hija se me acercó y en baja voz me dijo: desde hace rato te estaban previniendo tus muertos y no les pusiste atención.

No se si serán mis muertos o no. Mi tío Carlos fue tan obediente como su apellido y decidió no arriesgar de pasar un mal momento en el camposanto. De seguro que otra vez no me vuelven a suceder tantas cosas y proseguir.

Soy con evidencia un hombre de números, fui formado bajo el paradigma cuantitativo, veo algunos inconvenientes en lo crítico reflexivo pero en ocasiones debo admitir de que vuelan vuelan.
Figura: tomado de http://www.terapiasnaturales.com/

miércoles, septiembre 12, 2007

Mi Tia Beatriz


Audaz, certera como un rayo, creativa e ingeniosa, es la mejor descripción que puedo hacer de mi tía abuela Beatriz Jelambi Domech, viuda de Obediente . Nació en Puerto Cabello por el año 15, fue poseedora de un carácter si bien agradable y lleno de humor, no menos dispuesta a entablar una discusión de altura cuando de la razón era poseedora, sin levantar la voz y muchas veces dispuesta a quedar tablas, evitando así llevarse por delante a contendores.
Un aura de misterio la acompañaba. Al parecer, era poseedora de una magnifica cantidad de información que no era de este mundo. Por intermedio de algunos familiares, conocí de su infancia distinta al de todos sus hermanos. Se comentaba en baja voz que su corazón era tan puro y dulce que en muchas ocasiones caía desmayada y unos espíritus hacían presencia por intermedio de ella, dando recomendaciones principalmente sobre la salud y era entonces que muchos vecinos y familiares al saber de algún trance de estos, corrían a su casa para conocer sobre lo que deparaba el futuro.
De acuerdo a las mismas versiones, esta condición desapareció cuando se casó con su esposo, el señor Carlos Alberto Obediente Rider; pero antes de que sucediera, los mismos espíritus hicieron del conocimiento que cuando alguien tuviera una premura por conocer sobre los resultados de un proyecto o la salud, se le podía consultar a ella y la respuesta iba a ser ofrecida aunque en su voz, pero por los espíritus..
Un solo hijo le deparó la vida. Si bien es primo de mi papá, me acostumbré desde muy pequeño a llamarle tío Carlos y según se comentaba, esto también fue una clase de milagro, dado que algún espíritu predijo en una oportunidad que ella no tendría hijos jamás; pero a instancia de desearlo, se le concedió el derecho de ser madre.
Susana mi abuela paterna y hermana de ella, me llevaba a su casa maravillosa para soportar estoicamente aquellas vitrinas llena de miles de curiosidades, donde fulguraban por lo reluciente, unos vehículos de colección entre los que se encontraba uno que particularmente me llamaba la atención, dado que era igual al que salía en una caricatura que se llamaban lo autos locos y pertenecía a una banda de gangters que ayudaban siempre a la corredora Penélope Glamour.
Pero la vida fue muy dura con ella. A principios de los Setenta su esposo murió de un ataque al corazón (tenia yo tres años) y su único hijo, Carlos José prontamente dejo sus estudios universitarios para dedicarse al trabajo en las oficinas aduanales de los Römer en Puerto Cabello, razón por la cual su soledad la fue llenando de perros y gatos (siameses y angoras), no obstante se ufanaba por dedicarse por entero a su hijo que llegaba tarde la noche, cuando por lo general recurría a jugar en el bowling de Rancho Grande, después de su jornada laboral.
Cuando Susana se mudó de la calle Urdaneta a la Carabobo en el año 83, la casa de mi tía Beatriz situada en la calle Sucre, nos quedaba apenas a media cuadra, por lo que era asiduo visitante de la misma, convirtiéndome asimismo en utility para los múltiples trabajos que siempre había, entre los que se destacaban el lavado de sus dos perros, y la limpieza de los techos para que no se taparan las canales ya que en el centro de la casa luego de dejar la sala-recibo, se encontraba un corredor con los cuartos de un lado y el patio central del otro y en el centro de ese patio, una inmensa mata de guayaba ahogaba con su agradable olor, lo que guardaban los gatos y perros en los rincones.
Al final de la casa quedaba el largo baño con bidet y azulejos eternos por un lado y la larga cocina con un rinconcito acogedor donde entre imágenes devotas como la del Dr. José Gregorio Hernández y fotografías recortadas de los obituarios familiares, le prendía una velita a sus (nuestros??) muertos.
Pero no todo era trabajo en esa casa. Luego de descargar la mata de guayaba y recoger la hojarasca y otras cosas menos agradables, me quedaba curucuteando las reliquias que estaban por doquier, como los fonógrafos con sus gruesos discos de RCA Victor, radios de transistores antiguos, una biblioteca de best seller editadas por selecciones de Reader's Digest los que devoraba en aquellas noches lluviosas que me quedaba acompañandola porque le tenia pánico a los rayos. Por todas las paredes se observaban fotografias, certificados y diplomas con un sinnúmero de extraños símbolos entregados a su esposo durante la época que convivió en la logia francmasónica porteña, además de sus soñadas vitrinas que permanecían intactas con el paso de los años y sus colecciones de queseyoo. Mientras, una hondonada de gratos olores llegaban desde la cocina puesto que mi tía se encontraba preparando los bocadillos de guayaba que tanto me gustaban y un dulce que lo hacia con el agua donde se cuecen las mismas llamado cristal que bien vale la pena clasificarlo como súper exquisito.
Deja esooo – me gritaba desde la cocina – ya sabes que te puedo mirar sin estar viéndote – no estoy tocando nada, -le respondía yo riéndome un tanto de sus bravuconadas, aun cuando en oportunidades sacaba del forro la reluciente guitarra Tatay de mi tío Carlos mientras que su perro alemán no me perdía de vista puesto que sabia que mis visitas representaban para el una de las cosas que mas temía, el baño. Deja eso - insistía- y ve a lavarte las manos que ya te serví la comida (ahi era cuando me regodeaba con sus platos y postres exquisitos)
Además de eso tenia una mata de higos tan dulces como la miel y una receta centenaria (de finales del siglo XIX) escrita con una caligrafía impecable, perteneciente a su papá Mauro Jelambi (de ahí el nombre de mi Mauricio) para preparar un licor parecido al ponche crema comercial, aunque vale decirlo con mas cuerpo (esta formula llegué alguna vez a copiarla pero no se donde la guardé) y era tan exacta que establecía la cantidad de alcohol y su clase, requerido en valores absolutos y relativos y los otros ingredientes y sus cantidades, además del periodo de maceración. Nunca llegué a saber como se las arreglaba para calcular los montos identificados en la formula, pero sus botellas mientras mas añejas se ponían mejor era su sabor. Ah mundo.
(Un día de estos me pongo a buscar la formula, se que la tengo guardada en una caja llena de libros que está en bancobrero))
Desde que fui conocedor de su secreto como futuróloga, le hacia preguntas ocasionales sobre mis primeros trabajos como comerciante (en los puertos el trabajo es desde chamo) y otras menudencia que no recuerdo mientras me escudriñaba con sus ojos audaces. Si bien no supe si todo aquello era cuentos de viejos, la cosa era interesante pero no debía hacerle ninguna pregunta sobre sus poderes sobrenaturales dado que según ella misma no lo sabía, como me lo confesó una desaparecida amiga de la familia llamada María Rivas quien vivía en Valencia y ocasionalmente se aparecía en casa de mi tía a “preguntarle” sobre los resultados de sus proyectos y el de sus hijos.
Gradualmente deje de ir a la casa de mi tía. La Universidad me llevó a otros destinos mientras que ella se despedía de este mundo, a los pies del cuadro del Sagrado Corazón de Jesús con sus bombillos de colores que iluminaban quedamente la misma esterilla que utilizó para dormir en el piso de la sala, (luego de la muerte de su esposo en la enorme cama matrimonial que mas nunca utilizó); rodeada claro está, de sus perros y gatos que tanto la querían y por supuesto de mi tío Carlos que sigue viviendo en aquella casa llena de buenos recuerdos y gratos sabores

sábado, enero 06, 2007

Las excursiones a la Playa y sus veleidades

(El Castillo dizque Libertador desde El Malecón)
Cuando se toma conciencia de las veleidades de la playa, las ganas de bañarse perennemente se calman.
Al culminar el año empieza el tejemaneje del carnaval y la semana santa, y se estila en Cocorote que una vez llegado estos días de asueto, se organicen excursiones a la playa alquilando los famosos autobuses blue bird del “Transporte Cocorote” o en su defecto camionetas de pasajeros de 32 puestos de la línea “Santa Inés del Monte”.
Estos viajes, normalmente a las costas de Falcón o Puerto Cabello, son a cuenta y riesgo del que se monta en el transporte, ya que por lo general no se toman ningún tipo de medidas de seguridad por parte de los organizadores, y para colmo de males se van en la madrugada, echándose palos (tragos) desde la noche anterior y amanecidos arrancan para seguir ingiriendo a la orilla de la mar.
Una cosa curiosa de la gente que vive cercana al mar es que por lo general no se bañan en la playa en días de asueto. En Puerto Cabello por ejemplo, existen “miradores” como el del Restaurant “Mar y Sol”, así como también el “Malecón” o el cercano al balneario desde donde los porteños disfrutan con los temporadistas, observando las pendejadas que se les ocurre cuando están en la playa. Pero existe algo morbido con esto, no solamente van a contemplar las siluetas femeninas sino que se les escucha decir:- voy a ver cuantos guaros se ahogan hoy – y es que por lo general las estadísticas de ahogados reflejan un alto índice de personas larenses y yaracuyanas que vienen a la playa a pasar un mal momento. Parece cuento pero tuve muchos años en Defensa Civil y puedo dar fe de esto.
Apartando el litoral del oriente falconiano, con su inigualable Tucacas y el parque Nacional Morrocoy, además de Chichiriviche y los Cayos, el litoral porteño es reciamente visitado aun cuando el mar en ocasiones saluda a los visitantes con sus bravuconadas de resaca y playas oscuras en días nublados o lluviosos. Estas "bravuconadas"a mi juicio son los momentos en que uno debe prescindir de tomar bañitos de playa.
Cuando hablamos de “resaca” es que la playa devuelve con fuerza sus aguas al interior del mar una vez que ha reventado la ola. Este movimiento “hacia dentro” retira a los bañistas hasta areas profundas y el problema se centra en que a veces es tan fuerte que a pesar de nadar, siempre será contra la corriente que impulsa la resaca trayendo como consecuencia que los bañistas se cansen y puedan sufrir una inmersión. (imaginense los que no saben nadar).
En cuanto a los días sin mucho sol los porteños le sacan el cuerpo, ya que no se divisa con claridad las “cosas” que pueden acercarse a la playa por el efecto de las olas. Estas cosas pueden ser objetos o animales como las “medusas” de mar o cardumenes de peces huyendole a la "picua" y otros depredadores
Uno de los "mejores secretos" que guarda la playa es que cuando está verdaderamente picada (grandes olas y resacas fulminantes), los pobladores de la costa empiezan a caminar a orillas de la mar para encontrar entre ola y ola, pequeños tesoros que la playa le ha arrancado a sus bañistas, tales como relojes, anillos, cadenas, crucifijos, dijes, entre otros. Esto sucede porque el suelo marino está tan revuelto que todo objeto que esta cerca, emerge a la orilla y basta con tener una buena vista para verificar lo que “brilla” allá adelante.
Hay un cuento que alguna vez me lo relató Magali Lira y es que tenia a su servicio una jovencita andina el cual la invitaron para la playa. Al pasar por El Palito esta comentó con voz entrecortada: “maaadre pozo”, je je, así ve la gente de las montañas al mar.
El mar lo respeto y espero que ustedes también. Lo conozco lo suficiente como para que me gusten más las montañas y sus montes.

domingo, diciembre 17, 2006

El peligro de andar con Anisis

Anoche soñé con Anisis Yhanuris, Hasta no hace mucho tenía cualquier cantidad de sueños en donde ella estaba presente y era por una sencilla razón: la pobre tuvo que cargar conmigo adonde quiera que iba, puesto que era la forma en la que le permitían ir a algún lado cuando era invitada.
Y es que esta niña ha sido siempre una hermosa princesa. Uno de los recuerdos más lejano que guardo de ella es aquel día en que Susana nos llevó a la casa de José Domeche en la Isla, antiguo barrio porteño ya desaparecido, y le dieron ganas de orinar. Al ir al baño el cual quedaba en el patio, le daba pena que la fueran a ver, por lo que yo vigilaba con ahínco para que nadie osara ver a mi querida hermanita quien insistía que sentía como si alguien la estaba viendo pero la verdad que aquella vaina estaba más desolada que el carajo..(imaginen a un niño sentirse un gran protector a la edad de ocho años). Sencillamente éramos así, pa`rriba y pa´bajo juntos.
Obviamente que esta camaradería se vio alterada al llegar la pubertad (las niñas despegan primero que los varones), Anisis se convirtió en una linda adolescente mientras yo no me separaba de mis juegos infantiles, de los tres chiflados, de la señorita cometa y del capitán centella, así que la ladilla debió ser húngara. (si me metia con ella, fácil me daba mi coñazo)
Cuando salimos de la escuela y llegamos al liceo Simón Rodríguez en Puerto Cabello, andábamos cada quien por su lado pero al llegar la hora de la salida nos veníamos juntos pues, la Ley que imponía Susana era que no podíamos pasarnos de la dos y media, ya que salíamos a la una y cincuenta de la tarde.
Una vez en la mañana nos encontramos con que las puertas del liceo estaban cerradas y unos militares custodiaban la entrada. Eran tiempos de elecciones y el plan república se adueñaba de los centros electorales. Anisis que ya tenía conocimiento de que ese día no había clases, estaba metida en un plan que yo no conocía: la de asistir a una fiesta en Morón, muy cerca del liceo Ambrosio Plaza en las Colinas.
Cuando me negué a acompañarla, una compañerita de ella llamada Virginia me conquistó en el acto, con el viejo truco de que ella iba a andar conmigo. En fin, antes de irnos a Morón llegamos a una casa cerca de la Alcantarilla y cual es mi sorpresa que al salir las muchachas de una habitación, estaban todas vestidas de fiesta y el único pendejo que quedó con el uniforme puesto fui yo…
Al llegar a Morón la vaina se puso buena, aquellas mujeres no paraban de bailar en aquella atestada de liceistas, mientras que yo pacientemente sentado en un sofá (la Virginia ni me miró), veía como la hora de regresar a casa se aproximaba inexorablemente. En más de una oportunidad me acercaba a Anisis para recordarle la hora pero ella con la bailadera ni me paró.
Apretando la hora, cuando se hicieron la una y media de la tarde, decidí irme dejándola allí y agarrando mis cuadernitos salí de la fiesta sin decirle nada a nadie, con el firme propósito de montarme en una camioneta de pasajeros, pero detrás de mi oí la voz de Ani que me llamaba diciéndome que había encontrado una colita hasta el Puerto.
El carro que nos dio el aventón era un Volkswagen Brasilia en el que su conductor, viendo la premura de nosotros, iba a unos 120 km por hora. Esta velocidad no la disminuyó al llegar al distribuidor de El Palito, trayendo como consecuencia que el vehiculo se coleara y fuera a dar contra el cerrito que está cerca de la antigua discoteca El faro en esa localidad. Salimos del carro aturdidos por el choque pero la verdad fue que no nos pasó nada.
Un samaritano nos sacó de allí y nos llevo con toda su calma al Puerto. Todavía quedaba llegar a la casa donde se habían quitado el uniforme las muchachas y volvérselo a poner, luego emprendimos el regreso a casa. Eran aproximadamente las tres de la tarde.
Cuando apenas llegamos a la cuadra, Susana nos divisó en el acto “allá vienen” gritó y luego entró a la casa.. Según ella, había recorrido unas diez veces el camino hasta el liceo y hasta les preguntó a los militares si nos habían visto.
Verrrga, la verdad es que ese día llevamos más palo que una gata ladrona. Nos cayeron a carajazo con una cuerda de saltar que era de Osiris. La coñamentazon no las propinaron Vilma, Iris y Susana al unísono y una vez que nos vieron vuelto mierda, nos mandaron a dormir, pero no nos arrancaron nuestra aventura (más bien la aventura de la coñ.. de Ani,)..Me vine despertando aquel día como a la siete de la noche y Susana me comentó que mi mamá había estado esa tarde en la casa para estar un rato conmigo, pero se tuvo que ir a Cocorote sin que yo lo supiera en virtud del castigo impuesto. Coño, que dolor sentía, pero con todo y eso, jamás le eché la burra pal´monte a Anisis.


sábado, diciembre 16, 2006

Recuerdos de la Urdaneta

Estaba recordando que a Susana le gustaba ponerle de vez en cuando alguna velita a los muertos, normalmente la encendía en una habitación que estaba al lado de la cocina en la casa de la Urdaneta.
A pesar que esta casa lleva más de 20 años que fue derrumbada, me puedo pasear por cada una de sus esquinas como si estuviera en ella y recuerdo que esa habitación tenía en uno de sus rincones, un pequeño murito como de 30 cm. de alto y 50 cm. de largo el cual utilizaba para encender la vela. Debo decir que no tenia allí ningún tipo de imagen religiosa, solamente era el lugar para prenderla.
Resulta que en una madrugada me levante a tomar agua y al cruzar el largo pasillo que permanecía claro por la luz proveniente del poste que estaba al lado de la casa, me dirigí a la cocina que permanecía en tinieblas como el total de la casa a excepción del pasillo. Obviamente que alcanzar la cocina a esa hora, era un suplicio chino por los temores que infundaba aquella casa de altas y gruesas paredes coloniales, pero siempre quedaba el recurso de la luz proveniente de la nevera (era el tiempo en donde uno se preguntaba si la luz de la nevera quedaba prendida cuando se cerraba la puerta).
Cuando me dispuse a volver a mi cama (ya trancada la puerta de la nevera), observé que la velita de Susana alumbraba tristemente aquellos espaciosos lugares cuando de pronto voltee a ver hacia la ventana del comedor y me di cuenta que se reflejaba en la misma, la sombra de un pelotero como lanzando una bola. Rápidamente volví mis ojos a la vela y trate sin lograr, ubicar que objeto estaba entre la vela y la ventana que hacia el reflejo. Fue entonces que mis ánimos se vinieron al suelo y de un tiro corrí hacia mi cama tratando de que el pánico no se apoderara de mi y a pesar del susto me pare dos veces en el quicio de la puerta del cuarto las muchachas mirando hacia la cocina, tratando de resolver el enigma pero la verdad es que me tuve que acostar sin saber que fue el objeto que reflejaba la sombra…
A la mañana siguiente le conté a Susana lo sucedido y por casualidad (se que no existen coño) se reseñaba en el periódico, la muerte de un beisbolista ocurrida en el estadium Independencia de Puerto Cabello por recibir un golpe a la altura del cuello con una pelota bateada en línea...
La verdad es que Susana a partir de ese momento, nunca más prendió vela en aquel lugar y cuando lo hacia era durante el día y en la repisa de su cuarto, para tranquilidad de todos….o de ella, quien era la que más madrugaba....

miércoles, noviembre 29, 2006

Susana

Cuantas cosas te quedé debiendo…
Me levantabas temprano para que te acompañara a hacer las compras en el mercado municipal de Puerto Cabello, ese que siempre olía a comino recién molido y a matica de ruda, aquella que se colocaban los vendedores en la oreja para alejar la “pava”. Que vaina tan loca, el haber tumbado ese antiguo "zoco" porteño de envergadura colonial, para dar paso al centro dizque comercial La Marina. (en Europa los hubieran fusilado)
En oportunidades me comprabas un vaso de cebada que sabia a gloria, pero fueron muy pocas las veces ya que esa vaina de estar tragando en la calle no era de tu agrado.
Antes de irme a estudiar a Cocorote, me llevabas agarrado de la mano a una escuela en donde las maestras eran unas señoritas que vivían en la calle Mariño, entre Bolívar y Plaza, cerca de María Millán; apenas tenía tres años, pero la tenaz audacia y el rigor de sus castigos que incluían la penitencia de llevar a los niños a una solitaria cocina con la luz apagada, hicieron que la magia de la lectura apareciera en esa época para el disfrute tuyo.
Cuando me llevabas a que Mercedes Domeche -con su vieja nevera de kerosen- me ponías a leer en voz alta los periódicos que ella arrumaba en la sala. No me gustaban las visitas a esa casa, en comparación a la de Agustina, desde la que se podía ver el mar montándose en unos cimientos pegados a la pared del patio, el cual daba a la playa…
Mientras escribo esto, evoco el olor a guayabas, al loro que insistentemente llamaba a Laura y a tu dura mirada de "ni se te ocurra moverte" que me mantenía atado a la silla hasta que Agustina nos daba permiso a Anisis y a mí para ver el mar.
El traqueteo de tu maquina de coser me despertaba cuando ya estaban por estar a punto las caraotas endulzadas por el trozo de papelón que le echabas y aquel pollo con papas inigualable. En aquella gigantesca casa Nº 82 de techos rojos, tan alta que sus techos parecían infinitos, fuimos participes de una feroz disciplina que, incluía la puerta trancada y la mínima cantidad de visitantes (ni siquiera recuerdo las visitas de tus hermanas a la casa de la Urdaneta) eras tú la que nos llevaba a visitarlas a ellas. Mi Tía Beatriz era la que más me gustaba, ya que poseía innumerables reliquias y recuerdos a la vista de sus magnificas vitrinas. Alli estaban aquellos carritos antiguos que tanto me gustaban…
No obstante, siempre fui dueño de innumerables juguetes valiosos. Me los regalabas a expensa de jugar loterías (con los datos de la caricatura panchita) a que Panaleón, tratando de alargar tu plata bien ganada en la costura, trabajo impecable que luego entregabas en La Chaparrita y en La Elegante.
Recuerdo un extraordinario autobús marca Mercedes Benz a control como de un metro de largo, que lo ganaste en el callejón de Alberto (al que siempre le llevastes café con leche en la mañana), al lado del restaurant Milano; era sencillamente lo más fabuloso que podía poseer un niño..
Escasamente puedo recordar cariños como besos y abrazos de tu parte, -no estabas acostumbrada-; sin embargo, no recuerdo haberte encontrado dormida ni siquiera cuando ya había entrado a la Universidad y llegaba de Valencia a las 11 de la noche. Ahí estabas, esperándome siempre para decirme lo que me habías guardado de comer.
Un enorme argot de dichos y refranes mantengo en mi memoria para clasificar a la gente: María si dejaban la comida. José Domeche, cuando alguien no quería comer algo y de repente cambiaba de parecer. El señor Ramón y la señorita Pepe cuando alguien preguntaba mucho; si alguien se presentaba de improviso y no te gustaba comentabas quedamente "se jodieron mis numeritos" y si cualquiera te molestaba por algo cuando estabas por entregar una costura le decias que no te molestaran porque estabas "atrafalgada" y "cuidado Lastenia" si alguien se tropezaba con algo.
Alguna vez te dije que los muchachos me echaban broma porque me llevabas al cuarto grado agarrado de la mano, - aquella manía tuya de tus enemigos numero 1: los vehículos y el Nº 2: las pelotas - Ya luego me llevabas, pero me soltabas al llegar a la Unidad Sanitaria de Puerto Cabello, y te quedabas paradita al frente de la escuela Juan José Flores para decirme que si al salir no te veia, entonces que te esperara, que vendrías en camino.
Eras capaz de rodear una cuadra cuando veías que en alguna calle estaban jugando pelotica de goma y la cuestión era de verdad, apenas te proponias a pasar evitando el juego y zuassss, te pegaban la pelota (que según tú te perseguian), era entonces cuando se las quitabas a los chamos (y no para darmela a mi) y la botabas a la basura sin ninguna contemplación.
No creas que te olvidé, en muchos de mis sueños estás presente para decirme que no te gusta tu segundo nombre, ni que te llamen abuela.